domingo, 20 de octubre de 2019

Artículo publicado en el blog literario CRUCE DE CAMINOS.-

Estimados:

He publicado otro artículo sobre la Segunda Guerra Mundial en el blog literario CRUCE DE CAMINOS, página que os vuelvo a recomendar por su gran cantidad de información sobre libros y concursos relacionados con la literatura.
 
Os paso el link donde está publicado el artículo, que es el siguiente:
 
 
Y para los que prefieran leer el artículo desde aquí, lo pego a continuación:
 

EL ENIGMA DEL ESPÍA INVISIBLE: Operación Baldur o el ataque a Scapa Flow

Imagen de David Mark en Pixabay
Un artículo histórico de José Enrique Vázquez para Cruce de Caminos. También lo podéis leer en su blog El asesino anda suelto y en su Facebook. 



Octubre de 1939.

            El submarino alemán U-47 zarpa del puerto de Kiel al mando del capitán Gunther Prien, de treinta y un años. Su misión, penetrar en la bahía de Scapa Flow, un fondeadero situado en las islas Orcadas, cerca de las costas de Escocia conocido por haber sido el emplazamiento de la principal base naval del Reino Unido durante las dos guerras mundiales. Desde allí, la flota británica controlaba tanto el acceso al Mar del Norte como las rutas marítimas que surcaban el océano Atlántico.

            La bahía estaba muy protegida contra la incursión de submarinos, ya que había numerosos buques hundidos expresamente para que la profundidad fuera tan escasa que impidiera el paso de sumergibles enemigos. El fondo marino no dejaba demasiado lugar para esconderse, la media apenas rondaba los treinta metros desde la superficie. Además, los ingleses habían instalado multitud de minas y redes para evitar que cualquier buque enemigo accediera a la bahía sin conocer el emplazamiento de las defensas. Las fuertes corrientes y cambiantes mareas hacían el resto, de modo que Scapa Flow, al menos en los inicios de la Segunda Guerra Mundial, estaba considerada como uno de los fondeaderos más celosamente guardados y seguros del mundo.

            El U-47 llegó en la mañana del día 12 de Octubre de 1939 frente a las islas Orcadas, y cuando estaban en inmersión, el capitán revela a sus hombres el verdadero objetivo de la misión: entrar en la bahía y atacar a todos los barcos ingleses que se encuentren allí.
            Prien pasa la noche en el fondo, a 90 metros de profundidad. A las 19:00 horas del 13 de octubre el submarino emerge, pero en lugar de cielo sin luna, encuentra un fenómeno que no habían previsto: una aurora boreal, lo cual hace aún más peligrosa la misión, ya que los reflejos de la aurora hacen más visible al submarino. No obstante, Prien decide entrar, y a las 23:25 horas, maniobrando con mucha habilidad para evitar las rocas de la cercana costa, penetra en la bahía. Es medianoche, y la aurora permite buena visibilidad, pero hasta donde pueden distinguir, no hay barcos ingleses fondeados. Por fin, tras un largo rato de búsqueda, Prien divisa dos grandes buques y varios destructores anclados: es el momento de actuar.

            EL ATAQUE

            El U-47 dispara cuatro torpedos contra un acorazado que resultaría ser el «Royal Oak». Sorprendentemente, teniendo en cuenta que el blanco estaba inmóvil, tres fallan y sólo uno de ellos impacta sobre el buque produciéndose una explosión de poca entidad. El capitán teme ser detectado, pero el barco alcanzado continúa silencioso, no hay humo, y no se hunde.
            Prien dispara una segunda vez el único torpedo de popa, pero falla igualmente. Pese a la tensión del momento y a la posibilidad de ser atacados, el capitán ordena se recarguen los torpedos de proa y dispara tres, esta vez a menor distancia. En esta ocasión, todos aciertan, y tras varias violentas explosiones, el «Royal Oak», a los diez minutos, escora a estribor y se hunde, llevándose consigo las vidas de 833 de sus tripulantes.
            El submarino consigue escapar del fondeadero, y una vez en alta mar, el día 14 de octubre, envía un mensaje por radio a Karl Dönitz, comandante de la flota de submarinos, comunicándole que habían hundido un acorazado inglés de nombre desconocido. Horas después, los ingleses confirman en la BBC que se trataba del «Royal Oak».

            El U-47 arribó al puerto de Wilhelmshaven el 17 de octubre de 1939, y el capitán y toda la tripulación fueron recibidos como héroes, siendo condecorados por el éxito de la misión.

            COMIENZA LA LEYENDA

            La consecuencia directa de la acción del U-47 fue fundamentalmente demostrar a los ingleses que su base naval más protegida no era invulnerable, y que los submarinos alemanes podían realizar con éxito cualquier acción naval contra el enemigo. Realmente, era una misión más de prestigio que por el resultado final, extremo en el cual coinciden todos los historiadores y cronistas de la época. Sin embargo, el relato de hechos deja numerosas incógnitas sin resolver, que son las siguientes.

            LA PREPARACIÓN DE LA OPERACIÓN

            Según las fuentes existentes, la «Operación Baldur» fue ideada por el comandante jefe de la flota de submarinos, Karl Dönitz. Los preparativos consistieron en envío de aviones de reconocimiento para fotografiar toda la zona, y una misión preparatoria realizada por el submarino alemán U-14. Posteriormente, Dönitz, convencido de que la base inglesa no era inexpugnable, prepara un plan para entrar en la bahía por la zona que posiblemente tenía más posibilidades de permitir el acceso a un submarino. Luego, elige al hombre indicado, convoca a Prien, y este acepta la misión. La «Operación Baldur» da comienzo, y es rubricada y firmada por el Gran Almirante Raeder.
            Sin embargo, teniendo en cuenta las dificultades que entrañaba una misión así, la gran cantidad de información de la que carecían los alemanes, y el hecho de que las corrientes en la zona llegaban a ser de hasta 10 nudos de velocidad, cuando el submarino U-47, del tipo VII-B podía desarrollar como máximo 8 nudos sumergido, hacen pensar que faltan muchos detalles no conocidos.
            Así pues, la pregunta surge sin esfuerzo: ¿contaron los alemanes con ayuda a la hora de preparar la operación?

            EL ESPÍA QUE VINO DE SUIZA

            Curt Riess era periodista del Saturday Evening Post en esa época, y poco tiempo después del hundimiento del «Royal Oak» escribió un artículo titulado «La verdad sobre Scapa Flow», que dejó al mundo bastante perplejo.
Riess había nacido en Alemania y tenía ascendencia judía. Se había exiliado a Estados Unidos para huir del ambiente hostil a su raza. Fiel luchador contra el nacionalsocialismo de Hitler, había escrito numerosos artículos en contra de las ideas nazis.
            En su artículo, Riess ofreció una versión sobre los hechos que dieron lugar a la incursión en la bahía de Scapa Flow ampliada y con detalles insólitos.

            LA HISTORIA DEL RELOJERO

            Riess contaba que la incursión de Scapa Flow realizada en octubre de 1939 fue planeada no por Dönitz, sino por Wilhelm Canaris, jefe del servicio secreto alemán, muchos años atrás
            Según su escrito, para vengarse de lo sucedido con Inglaterra en la Primera Guerra Mundial, en el año 1927, Canaris ideó un plan para entrar en Scapa Flow, válido para entrar en la temida rada donde antes, en la Guerra Primera, habían fracasado todos los intentos. Así, para la misión de espionaje, elije a un tal Alfred Wehring, supuesto ex oficial de marina alemán que sirvió en la Primera Guerra. El aludido acepta la misión, y tras varios cambios de nombre y de país, aparece finalmente y años después como Albert Oertel, ciudadano nacionalizado inglés venido de Suiza. Se establece como relojero en una isla de las Orcadas y visita diariamente una taberna frecuentaba por pescadores, los cuales le informan sobre los obstáculos, minas, corrientes y mareas que acechan la zona. Los datos supuestamente viajan desde Escocia hasta La Haya, en Holanda, donde luego son enviados a Berlín.
            Oertel da frecuentes paseos por la zona, y recoge todos los datos que pueden resultar de interés para la incursión que se planea. Finalmente, tras muchos años de espera, el 12 de septiembre de 1939, el relojero emite un mensaje en clave con el siguiente texto: «Ha llegado el paquete. Espero una nueva partida dentro de este mes. Espero confirmación».
            Según Riess, el mensaje confirmaba que el espía había descubierto una forma de traspasar las defensas de Scapa Flow, para que pudiera acceder un submarino.
            Dos días después, el tal Oertel desaparece de la escena, y nunca más se sabe absolutamente nada más de él.

            LA FARSA, Y LOS INTERROGANTES

            La historia del espía relojero fue confirmada por los propios alemanes. Sin embargo, investigadores y periodistas interesados en el caso, no encontraron registro alguno en documentación de la Primera Guerra Mundial que hiciera referencia al tal Oertel, ni tampoco al oficial Wehring. De igual modo, no se han encontrado datos sobre el relojero en los documentos de la Segunda Guerra Mundial. Al parecer, varios periodistas acudieron al propio lugar de los hechos, la localidad de Kirkwall, en las islas Orcadas, y allí nadie corroboró la historia del relojero espía. Era una aldea pequeña, y sin duda hubieran sabido de la existencia del personaje.

            El éxito militar que para los alemanes supuso la entrada en Scapa Flow como castigo moral para los ingleses, de algún modo hizo que los servicios de propaganda nazi no descartaran la existencia del espía. Sin embargo, la tesis que hoy se maneja es que toda la leyenda no fue más que una fantasía de su inventor, el periodista Curt Riess. Es más, tan extendida está la creencia de que el espía existió, que a día de la fecha, hay una entrada en la web Wikipedia con el título «Ataque a Scapa Flow» que recoge la historia del relojero, aun siendo falsa.

            Todo lo anterior, nos deja aún con una serie de interrogantes que aún no han sido aclarados, y son estos:
            1.- Según fuentes consultadas, expertos en navegación y con años de experiencia en el mar sentencian que resulta altamente improbable que solo con la ayuda de fotos aéreas y con el reconocimiento de un submarino previo, la operación tuviera éxito. Así, estas fuentes barajan la posibilidad de que hubiera más información disponible sobre el objetivo.
            2.- De ser cierto que Dönitz o Canaris necesitaban más información para que la «Operación Baldur» tuviera éxito, ¿quién se la proporcionó?¿Algún espía distinto del tal Oertel del que aún no sabemos nada?
            Lo cierto es que la entrada en Scapa Flow por parte de un submarino alemán con las limitaciones del U-47, teniendo en contra minas, redes, corrientes, obstáculos y mareas no deja de ser un acto de guerra increíble por lo difícil de su ejecución, dejando en el aire más de una duda que aún hoy sigue rondando las mentes de muchos estudiosos del tema.
            ¿Existió pues, un espía invisible en Scapa Flow del que no sabemos nada?

            EPÍLOGO
           
            Günther Prien, el capitán del submarino U-47 que realizó la hazaña de penetrar en Scapa Flow no pudo disfrutar mucho tiempo de su fama como as de la armada alemana. El 7 de marzo de 1941 radió su último mensaje, y días después se le dio por desaparecido. La versión aceptada históricamente considera que el submarino fue hundido con toda su tripulación tras el ataque con cargas de profundidad realizada por el destructor británico HMS Wolverine, en el Atlántico norte.

jueves, 12 de septiembre de 2019

"El crimen del centurión", en papel, en LIBRERÍA PALAS de Sevilla.-

Buenas a todos/as:
 
Para los reacios a los medios digitales, ya podéis conseguir la novela "El crimen del centurión" en papel en la LIBRERÍA PALAS DE SEVILLA, en calle Asunción número 51. (D.P. 41011).
 
PALAS es una librería con cuarenta años de experiencia, os paso su página web que suele tener material muy interesante.
 
También hacen búsquedas de libros difíciles de conseguir con bastante éxito.

http://www.libreriapalas.es/



 
 

Salu2.-

 

domingo, 8 de septiembre de 2019

martes, 3 de septiembre de 2019

Artículo publicado en el blog literario CRUCE DE CAMINOS.-

Estimados:

Os paso el link de un artículo sobre los restos de Hitler que he publicado en el blog

https://crucesdecaminos.blogspot.com/

Es una página literaria con muchísimas reseñas de libros y abundante información literaria. Os recomiendo que la visitéis.

Y dicho esto, os paso el link donde está publicado el artículo, que es el siguiente:

https://crucesdecaminos.blogspot.com/search/label/%23JoseEnrique

Y para los que prefieran leer el artículo desde aquí, el texto es el que sigue:

martes, 3 de septiembre de 2019


El enigma de los restos de Hitler: La operación Mito


Hitler y Eva Braun (vía Shutterstock)

Un artículo histórico de José Enrique Vázquez para Cruce de Caminos. También lo podéis leer en su blog El asesino anda suelto y en su Facebook. 


         Adolf Hitler, el líder nazi responsable de la muerte de varios millones de personas, padecía de halitosis, era vegetariano y no fumaba, aunque sí lo había hecho, y de forma compulsiva —entre 25 y 40 cigarrillos por día. Estos datos, junto con los testimonios de su dentista personal en la última época, Hugo Blaschcke y de la asistente de este, Kathe Heusermann, han podido determinar en fechas recientes que Hitler no escapó de Alemania en submarino ni vive escondido en la Antártida, sino que murió en el búnker de Berlín en 1.945.
            Lógicamente, y dicho lo anterior, es claro que pasamos por alto todas las teorías que mantienen que el mandatario alemán escapó con vida de Alemania en aquellas fechas, pese a que muy recientemente incluso se ha publicado un libro —y en la editorial Planeta nada menos— que lleva por título “La segunda vida de Hitler”, escrito por Abel Basti. No, la realidad es otra bien distinta, y responde a lo que durante décadas se ha denominado “el enigma de la dentadura de Hitler”.
           
 
Pero vamos por partes.

 
LA MUERTE DE HITLER Y EVA BRAUN EN 1.945

El 30 de abril de 1.945, consciente Hitler de que todo estaba perdido, y con las tropas rusas ya en el propio Berlín, decide suicidarse en el búnker junto con su recién desposada y amante de años Eva Braun. Lo hacen ingiriendo primero cápsulas de cianuro para luego dispararse Hitler en primer lugar con un revólver en la sien. Eva Braun no pudo hacer lo mismo, ya que el veneno hizo antes su efecto.
Hitler había ordenado previamente lo que debía hacerse con los cadáveres para no correr la suerte de Mussolini, cuyos restos mortales fueron objeto de escarnio. Por ello, el oficial de las SS Otto Guensche y otras personas cercanas al Führer, entre los que se encontraba Martin Bormann, sacaron los cuerpos fuera del búnker y les prendieron fuego con unos doscientos litros de gasolina. Guensche lo confesó así en una entrevista concedida antes de su muerte en el año 2.003.


LLEGADA DE LAS TROPAS RUSAS AL BÚNKER

            Cuando los rusos llegan al búnker, tenían instrucciones expresas de Stalin de encontrar a toda costa y cuanto antes los restos de Hitler, si de verdad se había suicidado como mantenían los testigos presentes, y envían a una unidad especializada. Tras la búsqueda, los encuentran calcinados, aunque las piezas dentales estaban en buen estado, hallando también gran parte del cráneo del mandatario alemán.
Los restos de la mandíbula de Hitler y parte del cráneo, una vez finalizada la investigación que comprendía el interrogatorio de las personas presentes cuando ocurre el suicidio, deben llegar cuanto antes a Moscú. Para esta tarea, escogen a una mujer, la intérprete de guerra Elena Rzhevskaya. La razón es que según dijo ella misma después, “los miembros masculinos del ejército rojo podían emborracharse y los extraviarían”. Se le entrega una caja pequeña que contiene la mandíbula y el resto del cráneo de Hitler. 


 LA OPERACIÓN MITO

            Como es sabido, los rusos fueron los primeros en llegar a Berlín, un mes antes que los norteamericanos, y según narra la propia Elena Rzhevskaya, la intérprete que fue encargada de la custodia de la mandíbula y el cráneo de Hitler en sus memorias, encontraron los cadáveres calcinados del dictador y de Eva Braun, y los llevaron a una morgue improvisada en el mismo Berlín. Allí, el personal médico confirmó la intoxicación por cianuro. En la autopsia, se extrajo la mandíbula y parte del cráneo de Hitler. Interrogaron a Kathe Heusermann, la asistente del dentista del mandatario alemán, y a la vista de los restos, confirmó que la dentadura era del mismo.
            Los restos, tanto los confiados a Elena Rzhevskaya como los demás, llegaron sin problemas a Moscú y se custodiaron bajo alto secreto.
Sin embargo, y pese a las evidencias, bajo total secreto se inició la llamada por los rusos “Operación Mito”, que consistía básicamente en continuar la búsqueda del cadáver de Hitler para dar la impresión de que podía seguir vivo.


LOS ANÁLISIS FORENSES DE 2.017

En marzo y julio de 2.017, un grupo de investigadores y patólogos franceses, tras obtener el permiso de los servicios secretos rusos, tuvo acceso a los restos del dictador, que se conservan en Moscú. El resultado de su informe no ofrece dudas: la dentadura se corresponde con la de Hitler, y el resto del cráneo tiene un agujero en la sien sin duda producto de un disparo. Además, en los dientes, en muy mal estado, no se encontraron restos de carne, y sí un líquido azulado que podía tener su causa en la reacción química producida por el cianuro.


OBJETIVO PRINCIPAL DE LA “OPERACIÓN MITO”, Y CONCLUSIONES

            Visto lo que antecede, la operación secreta ordenada por Stalin consistente en dar la apariencia de que Hitler podía seguir vivo, manteniendo una incertidumbre que aún perdura hoy día, obedece a las siguientes posibles razones:

1.- Tal y como la propia Elena Rzhevskaya narra en sus memorias, publicadas una vez muerto Stalin, el mandatario ruso dijo que no iba a informarse de nada a los aliados porque “Seguimos en un cerco capitalista”, dando a entender que ya en 1.945 se entreveía la llegada de la guerra fría entre los dos bloques de poder, norteamericanos y rusos.

2.- La Operación Mito conllevaba difundir el rumor de que los propios norteamericanos habían facilitado la huida de Hitler. Para ello, la prensa rusa contribuyó publicando artículos que situaban al dictador en Argentina, o incluso en España, amparado por Franco. Esto era perfectamente creíble, ya que muchos científicos y personal alemán que sirvió al régimen nazi fueron reclutados por los norteamericanos para continuar sus investigaciones en Estados Unidos, siendo un ejemplo bastante obvio el del mismísimo Wernher Von Braun, científico enrolado en las SS e inventor de las bombas volantes V-2, que trabajó en la NASA hasta su muerte.

3.- El motivo último era desacreditar en definitiva a las fuerzas aliadas.

            A finales del año 2.009, Rusia confirmó oficialmente que desde 1.945, habían tenido en su poder los restos mortales de Hitler y de varias personas más del régimen nazi, y que dichos restos fueron incinerados en el año 1.970, dejando a salvo únicamente la mandíbula y el resto del cráneo analizados en 2.017.         

            Fin de la historia.

jueves, 29 de agosto de 2019

Ebook trailer con nueva banda sonora.-


Estimados todos: he modificado el ebook tráiler únicamente añadiendo otra música de fondo.

Espero que os guste más esta banda sonora.



 

martes, 27 de agosto de 2019

Ebook trailer de "El crimen del centurión".-

 
 
Estimados lectores: he creado un e-book tráiler del libro "El crimen del centurión".
 
Como está muy de moda no sólo publicar tráileres de películas sino también de libros y e-books, ahí va nuestra apuesta.
 
Espero comentarios, sugerencias, y que os guste.

 
 
 
 
 

miércoles, 31 de julio de 2019

CAPÍTULO II DIARIO DE UN PSICÓPATA.-


CAPÍTULO 2.- LAS GEMELAS AGUIRRE.-

Otra vez lunes. De nuevo esa sensación de peso en la nuca y el augurio de una semana difícil. El jefe estaba especialmente quisquilloso con el asunto de las gemelas. ¿Una de ellas podía ser la sospechosa, las dos o ninguna de ellas?¿Había alguien de fuera de la casa involucrado, como en el caso Urquijo? Una muerte en la familia, y ciertos indicios de que no fue por causas naturales. Gente de bien, apenas nada en las noticias y una orden directa: no imputar a nadie hasta que lo tengamos claro. “Pero Marín, mueva el culo, ¿oyó?, quiero resultados o le archivo el caso.”
     Julián Bravo, el jefe de grupo, era un hombre a primera vista educado, aunque sus modales a veces rozaban el insulto. Revestido de un halo de familiaridad, se permitía ciertas licencias con sus subordinados que vistas desde fuera podían considerarse claras humillaciones. A su favor, una hoja de servicios perfecta y un olfato criminal envidiable. Vino de Burgos, trasladado. La culpable, una cordobesa afincada en Triana, una fiera entre sábanas. “Créeme, Marín, a mi edad nunca pensé que mujer así pudiera existir. Me tiene totalmente abducido.” Y es que el jefe, según le había confesado un día Lázaro delante de un par de cafés y sendas magdalenas de chocolate, era un devoto seguidor de las series y programas que tenían a los extraterrestres como protagonistas.
—No me jodas.—Marín abrió tanto los ojos que sus pestañas chocaron con el cristal de las gafas.
—Tal y como te lo cuento. Una noche me encontré al jefe en un pub del centro. Estaba ebrio, y en dicho estado me hizo la confesión, haciéndome jurar sobre la memoria de mi madre que nunca lo contaría.
—Y sin embargo, me lo has contado.
—Bah, mi madre murió hace ya tiempo. Dejó casi todos sus bienes a mi hermano sólo porque era el mayor, un parásito sin empleo con cinco niños de tres madres distintas. Según ella, tenía más necesidad que yo. El juramento me lo paso por los cojones.
—Ya veo.
Por tanto, lunes mediodía, de camino. Había concertado una entrevista con ellas; por teléfono, como siempre. Marín recorrió a pie la escasa distancia entre la comisaría y el inmueble familiar. Un piso en un alto bloque, muy céntrico, en el barrio de Los Remedios. Un sexto con ascensor, y según pudo saber después, con una amplísima terraza.
El video portero se iluminó y una voz del otro lado del Atlántico respondió.
—Buen día. ¿Qué desea?
—Vengo a ver a las hermanas Aguirre. Soy de la policía.
—¿Otra vez? Bueno, espere un momento.
Marín se apoyó en la pared, la mañana estaba siendo calurosa, aunque el móvil le indicaba bajada de las temperaturas para el fin de semana. Buscó en el bolsillo sin hallar pañuelo alguno, seguro lo dejó en casa. A falta de pan, secó el sudor con el dorso de la mano. Tras unos largos segundos, un zumbido molesto y persistente le indicó que la puerta estaba abierta.
El ascensor, pintado de un verde anticuado y pringoso, era exasperantemente lento. Su interior, pequeño y cuadriculado, parecía querer medir el temple de sus usuarios y su resistencia a la claustrofobia. Marín volvió a sudar nada más entrar, y tuvo la extraña sensación de que las paredes menguaban a cada piso que dejaba atrás. Llegó al último con la respiración entrecortada y empapado en sudor. Juró bajar por las escaleras.
—¿A quién debo anunciar?
La puerta de la izquierda, según se salía del engendro torturador pintado de verde, aparecía abierta y asegurada por una chica de tamaño medio vestida con el típico uniforme del servicio doméstico de los años sesenta, blanco sobre negro o al revés según se mire, cofia y zapatos a juego. Su mente saltó como un rayo: «Nombre, Luciana Rodríguez, uno sesenta metros de estatura. Procedencia, Colombia. Edad, treinta y cuatro años, soltera, con papeles. Lleva en la casa un año, cinco en total en España. Sin antecedentes penales ni policiales».
—Soy el inspector Marín. Concerté una cita con las hermanas Aguirre ayer.
—Pase.
La fámula guió a Marín hasta una especie de vestíbulo con sofá esquinado y una mesita baja.
—Espere un momento, voy a avisar.
—Gracias.
Luciana se perdió por un pasillo, a la izquierda de la entrada, y Marín, por instinto, le miró el trasero mientras la chica se alejaba. «Prometedor», se dijo.
Desvió la vista hacia su derecha: un revistero, un mueble bar y varias publicaciones médicas, con ilustraciones que no tuvo intención alguna de descifrar. Su mirada se posó en un número de “Interviú” en cuya portada aparecía un titular que rezaba “Por qué faltan médicos en España”, entre otros. La chica que mostraba sus pechos a la concurrencia era Kate Rockwell, de la serie “Sexo en Nueva York”. Abrió la revista fechada en el año 2.009 y fue directo a las páginas centrales.
—Pase por aquí.
Chasqueó la lengua; le hubiera gustado ver a aquella hembra con tranquilidad, pero no había tiempo. El trabajo, siempre el trabajo …
La chica lo guió a través de un largo pasillo en semipenumbra, hasta que apareció de repente un salón enorme, cuadrangular y con un ventanal que prácticamente lo recorría de uno a otro extremo. Varias macetas de mediano tamaño en las esquinas y una luz natural limpia y abundante daban a la estancia un aspecto casi tropical. A la derecha, un sofá enorme, en forma de L y detrás del mismo, una estantería que llegaba hasta el techo llena de libros. Sentadas, dos mujeres una junto a la otra.
—El inspector Marín, ¿verdad?
—Sí.
—Siéntese, por favor.
Dámaso, obediente, acomodó sus posaderas con cierta lentitud mientras daba un repaso mental a la información básica que necesitaba. «Marta y María Aguirre, 35 años, gemelas idénticas, uno sesenta y cinco de estatura, cabello castaño. Relación con la víctima, sobrinas carnales por vía materna. Ambas licenciadas en Filosofía por la Universidad de Sevilla. Solteras, y sin compromiso conocido».
—Usted dirá. ¿Hay alguna novedad sobre el caso?
Habló la que estaba sentada a la izquierda del inspector. Marín se percató de que ambas iban vestidas iguales, minifalda azul claro, camiseta blanca y zapatillas a juego. Los calcetines, a rayas celestes y blancas. No estaban maquilladas, ni tan siquiera una pizca de carmín en los labios. Su mirada de viejo policía reconoció los rasgos de los rostros que había visto antes, en las fotos del expediente. Rasgos finos, delicados, con pómulos algo salientes, barbillas con hoyuelo y labios desiguales, siendo un poco más grueso el inferior. Los ojos, grisáceos, de una tonalidad y tamaño tan extraños como sugestivos. En efecto, Marín recordaba haber visto alguna que otra película de serie B, en la que aparecían seres de otro planeta con formas oculares parecidas a las de las chicas que tenía delante. «Formas muy bellas, sin duda», se dijo.
—Pues verá, de momento no estoy autorizado a darles ninguna información. Tan sólo venía a ver si podían facilitarme documentación médica de su tío, y hablarme de las últimas visitas que tuvo días antes de su muerte. Si es que tuvo alguna, claro.
—Nuestro tío recibía únicamente la visita de su amigo Kako, que venía de vez en cuando.
Habló la otra chica, la que estaba sentada a la derecha del inspector. Marín abrió la boca para hablar, pero la otra hermana se le adelantó.
—Perdón, somos unas maleducadas y entiendo su desconcierto. Yo soy Marta y ella es mi hermana María. Yo soy la mayor.
El inspector miró sus manos, dos pares colocadas en la misma posición: sobre las rodillas.
—Bueno, Keiko también venía alguna que otra vez.
Esta vez fue María la que habló. En ese instante, entró la chica colombiana.
—¿Necesitan algo los señores?
—¿Quiere tomar algo, inspector? —Las dos hermanas hablaron, como en un tono estéreo, pisándose las mismas palabras.
—Gracias, un poco de agua fresca, por favor.
Marín sacó un bloc de notas y pidió los teléfonos del tal Kako y la otra. Las hermanas sacaron sus móviles, ambos de la marca Samsung, sin duda el mismo modelo. Se miraron, sonrieron, y María guardó el suyo para que su hermana se encargara de darle los datos al policía. Luego, la mayor se levantó y desapareció por uno de los pasillos. La estancia quedó en silencio, como desierta. Sin embargo, María seguía allí, mirando fijamente al inspector. Este esbozó una ligera sonrisa, y ella sonrió a su vez. Sin embargo, el hielo persistía entre ellos, como si la distancia física que los separaba pudiera contener un universo entero.
—Aquí tiene inspector, los últimos informes médicos de mi tío. Habrá observado ya que mi hermana es bastante tímida, aunque no lo parece si estamos juntas, ¿no es cierto?
Marta recuperó el asiento de antes, pegadita a su hermana.
—Pues no sé decirle, yo tampoco soy demasiado hablador. Me gusta más observar, ciertamente.
Ambas hermanas sonrieron a la vez, y Marín tuvo la sensación de que la entrevista daba poco más de sí. Bebió un trago del vaso que le acababa de traer la fámula, y echó un vistazo a los informes médicos.
—Su tío tenía artrosis degenerativa de varios años de evolución, hígado graso, rotura de cadera con inserción de prótesis en el año 2.014 …
—Sí.—Corroboró Marta.
—... operado de cataratas en 2.013, y una neumonía en 2.015.
—Así es.—De nuevo, habló Marta.
—Vale. Estos informes los uniré al expediente si no tienen inconveniente.
—No se preocupe, estamos de acuerdo. Muerto mi tío, esos informes ya no son necesarios. Lo que deseamos es que se aclare todo este asunto.
—En eso estamos, señorita, en eso estamos.
—¿Han venido ya los análisis finales de la autopsia?
María habló sin duda refiriéndose a los análisis químicos que habitualmente se solicitan con posterioridad al examen del cuerpo de la víctima.
—No, aún no.
—Pero nos informará de todo, ¿verdad?
La súplica que demostraban las pupilas de María reflejaban sinceridad, y Marín no fue ajeno a esta circunstancia. La miró de hito en hito, y por un momento, pareció que ambos habían conectado en un plano distinto al material.
—Claro.—Se oyó decir vacuo, como si la escena la estuviera contemplando a varios metros de distancia.
—Gracias.—Dijo ella.
—De nada.—Contestó Marín.
El inspector tuvo la sensación de que el tiempo se había congelado en los ojos de la chica, hasta que una frase lo volvió a la realidad.
—Gracias por venir, Luciana lo acompañará a la puerta.
En este caso, fue Marta la que habló. Marín recuperó la normalidad, desvió la vista hacia la ventana, y se despidió con una fórmula habitual. Bajó los seis pisos como un adolescente, con alegría sin motivo y energía de sobra. Cuando por fin salió al exterior, se notó distinto, aunque realmente, no sabía por qué.